30 de Julio: Mar Caspio – Turkmenbashi (Turkmenistán)
By admin. Filed in Preparando el viaje |
El trayecto duró unas doce horas. Tras un sueño reparador a pesar de los colchones y el camarote, nos levantamos felices y contentos dispuestos a disfrutar del viaje. Entre sueños, partidas de mus y charlas, se nos pasó rápido. Podría decir que incluso fue placentero.


Echando un mus en el Caspio

Turkmenistán, la tierra prometida


Siempre quise ser capitán de barco
Desde que el barco atracó sobre las seis y media de la tarde, hasta que nos dejaron bajar, transcurrieron unas tres horas. Los tiempos de espera en Asia se dilatan sin miramiento alguno, como veréis.
Tras desembarcar los aproximadamente treinta coches del rally que nos habíamos reunido allí, comenzó la tediosa burocracia, más tediosa, si cabe, la turcomana que cualquier otra ¡Hasta doce ventanillas distintas tuvimos que sufrir!
A las 5 de la mañana, una vez pagadas las cosas legales que aparecían en las tasas de un tablón: visado, permiso de circulación, seguro y un simpático plus por la gasolina (como aquí es tan barata, unos 20 céntimos de euro por litro, calculan lo que vas a gastar en tu ruta y te cobran el litro a euro y medio), comenzaron las menos legales.
Vino un señor pidiendo a cada equipo 10 dólares más ¡Por haber usado el puente para bajar el coche del ferry! Nos negamos rotundamente. Sin inmutarse, se fue a acostar. Era el encargado de abrir la puerta. Supuso que a las 9 de la mañana, que es cuando volvió a aparecer, tendríamos menos humos.
Decididos por la desesperación a pagar los 10 dólares del dichoso puente, se sumaron 12 más, en concepto de uso del parking de la frontera. Aparcamiento que usamos porque no nos abrían la puerta, claro. Y aún tuvimos que pagar dos dólares más, dado que nuestra estancia en el parking crecía y crecía mientras se sacaban nuevas tasas de la manga (cada discusión por un nuevo abuso, suponía la huida del responsable durante una media hora).
Al tiempo que toda esta noche transcurría, el barco en el que habíamos venido no salió de vuelta por si alguno de nosotros decidía no pasar por el aro y lo tenían que deportar… así que unos treinta o cuarenta ciudadanos turkmenos que habían pagado su billete, tuvieron que pasar la noche en la sala de espera del puerto. Y ninguno se quejó. Vivir en un estado policial es lo que tiene.
Agotados, habiendo dormido en los coches una hora escasa, a eso de las 11 de la mañana conseguimos salir de aquel semi-legal “secuestro”.











