8, 9 y 10 de Agosto: Almati – Frontera kazajo-rusa
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Almati fue la antigua capital de Kazajistán, hasta que hace unos diez años se desplazó a Astana, para que
creciera la población en el norte del país. Su nombre significa “padre de las manzanas” porque parece ser que esta fruta tiene su origen en las montañas que rodean la ciudad. Quizás por eso, en ella se encuentran numerosos puestecillos donde las venden y está llena de estatuas que representan dicha fruta.
Almati es una gran ciudad “a la europea” y se distingue por ser multirracial. Conviven en ella rusos, kazajos, coreanos, chinos, europeos…
A decir verdad, de la ciudad no vimos mucho, pero aprovechamos que nos habíamos reunido tres equipos españoles para darnos un pequeño homenaje en la discoteca más chic de la ciudad.
A la mañana siguiente, seguimos la ruta.

Kazajistán es un país tan enorme (hemos tardado 4 días en atravesarlo) que sus paisajes se van alterando para dar mil y una imágenes distintas: comenzamos con las llanuras del Far West; seguimos por zonas de pradera con montes redondeados; inmensas estepas de diversas tonalidades de amarillos y ocres que se extendían hasta perderse de nuestra vista, sólo interrumpidas por la línea gris de la carretera; grandes cielos abiertos; de repente, bosques de coníferas…



No importa que Kazajistán no tenga acceso al mar. Está salpicado de amplísimos lagos salados que harían palidecer de vergüenza al Mar Menor. Y en uno de ellos, nos bañamos.
Ya comentamos que Kazajistán es un país muy poco densamente poblado. Es cierto. Hubo tramos de carretera de más de cien kilómetros en los que no encontramos ni un atisbo de civilización humana.





Llegados a este punto de la narración, cuando hemos sobrepasado ya el kilómetro diez mil de la aventura, vemos necesario hacer un balance de daños de nuestro bólido. Tranquilas, madres, que se está portando como una campeona (escribo esto cruzando hasta los dedos de los pies). Sólo un reventón y un pinchazo, inevitables dado el estado del mal llamado “firme”, y la rotura de un fusible que provocó la inactividad de nuestro velocímetro. Era gracioso verlo a cero. Parecía que era el paisaje el que se movía y no nosotros. No obstante, el manitas de Roque tiene ya todo arreglado.
Este rally es como un gran videojuego. En cada etapa vas descubriendo trucos y desarrollando habilidades que te son útiles después. Así, por ejemplo:
- En Serbia aprendimos que una nacional no tiene porqué tenerle envidia a una autopista. Dos carriles con arcén pueden convertirse en cuatro.
- En Turquía descubrimos que usar el claxon a todas horas indiscriminadamente puede salvarte de algún apuro circulatorio.
- En Turkmenistán, que la paciencia en las fronteras no es sólo una gran virtud, sino tu única arma.
- Y en Kazajistán, que no es necesario parar en los controles policiales. Ni aunque te echen el alto. Detenerse es pagar (siempre te quieren multar por algo como conducir sin camiseta o sobrepasar el límite de velocidad que inventa el policía sobre la marcha). No estamos para perder tiempo ni dinero.
Tags: Kazajistán, Mongol rally 2009











