11 de Agosto: Frontera kazajo-rusa – Barnaul (Rusia)
Monday, August 31st, 2009
A eso de las cuatro de la mañana salimos de la frontera y, tras dormir un par de horillas en el coche, nos dirigimos hacia Barnaul, la ciudad más al norte de nuestra ruta.
Un nuevo país, un nuevo paisaje. Todo verde con hileras de árboles por todos los lados y una fresquísima hierba cubriendo todo el suelo. No se veía ni un trozo de tierra. En nuestra ignorancia, pensábamos que más allá de Moscú, Rusia se tornaría tan desarreglada como el resto de ex repúblicas soviéticas que habíamos visitado ya. Nada más lejos. Las carreteras eran excepcionalmente buenas. Poco tenían que envidiarle a las que dejamos atrás hace un mes en la vieja Europa.

Llegamos a Siberia y empezamos a pasar frío
En Barnaul nos alojamos. Necesitábamos algo de descanso y una buena ducha. Varios días acampando habían hecho mella en nuestra higiene.
Barnaul es una próspera ciudad industrial con una distribución un poco extraña para nuestros ojos occidentales. No existe un centro ciudad del que salen el resto de calles. Hay grandes avenidas llenas de centros comerciales, sin escaparates a la vía y enormes bloques de edificios, pero no pegados los unos a los otros. Cada finca está exenta de las que la rodean. Ya no son tan grises como las que vimos en Tukmenistán, por ejemplo. Ahora decoran las fachadas de colores, lo que le da un aspecto algo menos serio y triste.
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creciera la población en el norte del país. Su nombre significa “padre de las manzanas” porque parece ser que esta fruta tiene su origen en las montañas que rodean la ciudad. Quizás por eso, en ella se encuentran numerosos puestecillos donde las venden y está llena de estatuas que representan dicha fruta.








Llegados a este punto de la narración, cuando hemos sobrepasado ya el kilómetro diez mil de la aventura, vemos necesario hacer un balance de daños de nuestro bólido. Tranquilas, madres, que se está portando como una campeona (escribo esto cruzando hasta los dedos de los pies). Sólo un reventón y un pinchazo, inevitables dado el estado del mal llamado “firme”, y la rotura de un fusible que provocó la inactividad de nuestro velocímetro. Era gracioso verlo a cero. Parecía que era el paisaje el que se movía y no nosotros. No obstante, el manitas de Roque tiene ya todo arreglado.
Una vez que nos abrieron la frontera, a las 7 de la mañana, aún tuvimos que esperar cuatro horas más para salir. La mala organización y el hecho de que nada esté informatizado (copian a mano los datos en cuatro lugares distintos, con la dificultad que supone dado el cambio de alfabeto) son las razones primordiales para que los trámites sean tan sumamente tediosos.






Nos levantamos temprano para llegar pronto a la frontera y poder entrar en Kazajistán ese mismo día. Estuvimos preguntando en Tashkent por dónde se accedía a la frontera kazaja y la misión no resultaba fácil, porque no hablamos ruso ni ellos inglés y, además, porque la ciudad no es pequeña precisamente.
Lejos de desanimarnos, montamos una pequeña fiesta fronteriza: los italianos cocinaron pasta para todos; los que sabían de mecánica revisaron los coches de los demás; otros sacaron las guitarras, los gallegos aportaron un terrible cd de chistes de Arévalo; organizamos incluso una pequeña liguilla de mus…













El centro histórico de la ciudad de Bujara (o Bukhara) fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993. La ciudad se fundó alrededor del siglo VI en torno a un oasis y enseguida se convirtió en una pieza importante del imperio persa. En los tiempos de la Ruta de la Seda, en los primeros siglos del milenio pasado, tenía varios caravasares. 














una antigua madrasa restaurada de principios del siglo XIX que comunicaba con la puerta del patio con una mezquita del siglo XVI. 













Como nos acostamos pronto debido al toque de queda turkmeno, fue fácil madrugar. Mary seguía igual de fea por la mañana, así que nos fuimos rápidamente para intentar cruzar la frontera uzbeka ese mismo día. Sin embargo, nos costó bastante llegar. La razón no fue otra (este dato creo que aún no lo había comentado), que la insuficiencia de carteles en todo el país. Y más que insuficiencia, podría decir que sólo existen concretamente tres: uno que te anuncia Ashgabat, otro de Mary y el de Turkmenabat. Y así no hay quien se aclare.
































