29 de Julio: Baky – Mar Caspio
Wednesday, August 26th, 2009
Cuando llegamos al puerto a las diez, dispuestos a embarcar, nos dijeron que el barco no saldría hasta las cinco. Y a las cinco, que a las nueve. Finalmente, embarcamos cerca de la medianoche, pero el barco no salió del puerto hasta bien entrada la madrugada.
En cualquier caso disfrutamos del día en el puerto con los casi treinta equipos que estaban esperando con nosotros. Después de todo era el primer día en el que no íbamos a conducir desde hacía casi dos semanas.







Cuando subimos al ferry, un hombre sin identificación nos pidió los pasaportes y dijo que nos los devolvería en Turkmenistan. Nos sonó tan raro que, por supuesto, nos negamos. Estabamos ya demasiado escarmentados de la caradura azerí. Discutimos, gritamos, nos enfadamos… pero el hombre nos informó (con la ayuda de un improvisado traductor) que si no se lo dábamos nos echaba del barco. Y así fue.
Una avanzadilla fue a la frontera para preguntarle a la policía si lo que nos pedía aquel individuo era legal… Y lo era. Así que, con las orejas gachas, entregamos nuestros pasaportes y subimos con la sensación de que al llegar a Turkmenistán nos pedirían dinero por recuperarlos.
En el barco teníamos camarotes. Disponían de un armario, un lavabo y cuatro literas. Así contado parece de ensueño, pero faltan un par de detalles: en el lugar donde deberían estar los chalecos salvavidas había un calcetín sucio y ¡aquellos colchones! Contando los rodales de sudor y, posiblemente orina, se podía saber cuántas personas habían dormido allí antes que nosotros. Rondarían las mil quinientas. Una sábana, nuestro saco y el cansancio extremo que acumulábamos lograron que nos evadiéramos de la inmundicia que reposaba debajo de nosotros. El resto del barco estaba viejo pero no mal. Salvo los baños a los que, sinceramente, no puedo describir.
Tags: Baky, ferri, Mongol rally 2009









En las afueras, que estaban repletas de calles sin asfaltar y de gentes deambulando como zombies (es lo más parecido a Resident Evil que habíamos visto en la realidad), un inmenso olor a gas invadió nuestro coche. Miramos fuera, para descubrir su procedencia, y vimos un gasoducto, bastante deteriorado, que emanaba chorros de gas en estado líquido. No parecía muy seguro. Seguimos hacia adelante.



La frontera turco-georgiana era una auténtico caos. Nada que ver con aquella otra limpia y bien cuidada por la que entramos.
Y llegamos a Batumi, ciudad de vacaciones. Una ciudad costera del mar Negro, que tiene toda la pinta de haber sido ciudad colonial de la antigua Unión Soviética. Grandes contrastes: caserones y chabolas, cochazos y coches tipo aquellos Seat 124. Y eso sí, muchos hombres caminando por la ciudad descamisados, “en panzas”. Y muchas vacas… muchas, muchas vacas sueltas, campando por sus respetos a las orillas de la carretera, e incluso durmiendo plácidamente dentro de ella.










De la ciudad costera que nos acogió la primera noche, partimos bien temprano para poder llevar a cabo una de las etapas más largas hasta el momento. Estuvimos unas 14 horas conduciendo, porque, aunque nos gusta Turquía, queríamos abandonarla en los menos días posibles para poder entrar en tierras verdaderamente desconocidas para nosotros.








Nos levantamos y seguimos la marcha. En un par de horas nos encontramos en Bulgaria. Sus carreteras y forma (mala forma) de conducir hicieron buenas las de Serbia.
Por fin alcanzamos la frontera turca y entramos sin problemas. Lo más sorprendente son sus autopistas.








Amanecimos contentos y, afortunadamente, sin resaca. Recogimos nuestras tiendas (que se montan en un segundo, pero en desmontarlas se tarda algo más) y estudiamos la ruta a seguir con el resto de los equipos.
Dejamos la República Checa, cruzamos la frontera austriaca y alcanzamos la húngara sin parar ni siquiera a estirar las piernas. Cabe decir, si se me permite, que por esa Europa civilizadísima que hemos atravesado, han
tenido lugar las micciones más caras de mi historia: entre 0’50 € o 1€ cada vez que la necesidad lo requería. Eso sí, me he escaqueado de pagar todas las veces que he podido, porque este rally es así.








