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8.000 km no son nada
Cruzamos Turkmenistán, un país extraño donde los haya en tres días. Después de salir de la frontera donde nos tuvieron en vela toda la noche rellenando papeles, cogimos la carretera hacia Ashgabat. Ibamos con Granito de Arena, asustados por los controles policiales que supuestamente nos iban a parar y a intentar sacarnos todos los dolares que llevábamos encima. Sin embargo, aunque sí que había un control policial cada 50km más o menos, decidieron no pararnos. Solo nos paró la policia dos veces y fue porque nos estábamos metiendo por sentido contrario. No es tan dificil equivocarse en un pais que apenas tiene carteles…
El 80% de la superficie de Turkmenistán es desierto, así que ya os podéis imaginar que no hay muchos pueblos ni áreas de servicio por las carreteras. Lo que si hay son camellos (o dromedarios, no lo sé) que pasan tranquilamente por la carretera, se cruzan, miran. Espectacular.


Y desierto, mucho desierto





Por fin llegamos a Ashgabat, esa ciudad de la que tanto habíamos oido hablar. Y no es para menos. En mitad del desierto aparece un mega ciudad con edificios de marmol blanco y oro por todas partes… y con un policia en cada esquina.
Oficialmente no hay toque de queda, no lo pone en ninguna guía y todos los locales lo niegan. Sin embargo, la discoteca del hotel donde nos alojamos y el restaurante donde cenamos que estaban llenos a las 10.30, mágicamente se vaciaron cuando se acercaron las 11 y todo el mundo salió literalmente corriendo hacia sus casas. Nosotros tuvimos que salir por la puerta de atras del restaurante y ya fuera vimos a los soldados patrullando la ciudad… Eso sí, nuestra furgoneta durmió a la intemperie y nadie le tocó ni un pelo.
Al día siguiente nos dimos una vuelta por el centro y nos hicimos nuestras correspondientes fotos con las estatuas de Niyazov, el Arco de la Neutralidad…


En nuestra ruta hacia Uzbekistán, decidimos parar a comer en un kafe de carretera a medio camino. La pinta por fuera era horrible: un cuchitril con un tejado de uralita pero sin duda fue un gran acierto. El bar consistía en una habitación con alfombras en vez de sillas y mesas y una pequeña cocina. Así que nos tumbamos a comer el plato que nos prepararon las chicas super amables que atendían el local. Y con melón de postre!



Como siempre, hubo que negociar el precio

Como no podíamos llegar hasta la frontera, nos quedamos a dormir en Mary, de la que podemos decir que es una de las ciudades más feas que hemos visto en nuestra vida. Eso sí, como en todo Turkmenistán, la gente extremadamente amable. Y curiosa, todos te preguntan de donde eres, qué haces aquí, ¡cuantos hijos tienes!. Todo un merito si tenemos en cuenta que todo se hace por señas…
Otra cosa curiosa de los turcomanos es su extrema pulcritud. Todos los hombres van con sus pantalones de pinzas y sus camisas limpias y bien planchadas. Y las mujeres con vestidos de vivos colores impolutos, ya estén en la capital o en una polvorienta carretera del desierto.

Mary, una de las ciudades más feas que conocemos

Esto estaba en mitad de la carretera

Mujeres turcomanas paseando por la carretera

Anciano con el típico gorro turcomano

Así son las gasolineras en este rincón del mundo
Hoy, por fin, nos hemos tomado el día de descanso en Bújara, una preciosa ciudad uzbeka. Después de 8.000 km de conducir, conducir y conducir nos mereciamos un alto en el camino para relajarnos un poco.
Todos los caminos conducen a Ashgabat
Dos días hemos estado sin actualizar el blog. Quizás sea por la resaca de la fiesta…
Ahora que ya parece que no pasaremos por Irán (muy a nuestro pesar) nos estamos informando de todo lo que se cuece en Turkmenistán. Y nunca mejor dicho, ya que el año pasado en Julio la temperatura era de 45 grados a la sombra…
Es este un país chocante donde los haya, presenta muchas peculiaridades, ya os hemos contado algunas, pero aquí van las que más nos afectan a los viajeros:
- En primer lugar, al menos en Ashgabat y en Turkmenbashi, hay toque de queda. Sí señor, pobre de tí si te pilla la policia por la calle a partir de las 11 de la noche. Serás arrestado sin ningún tipo de contemplaciones.
- En Ashgabat también te advierten de tener un cuidado extremo con lo que puedas decir en la intimidad de tu habitación de hotel o en una alegre conversación en un restaurante: hay micrófonos por todas partes e incluso están intervenidos los teléfonos. Así que hay que evitar hacer pasar un mal trago a los locales, que están al corriente de la situación de control y se juegan más que tú.
- En ningún lugar te encontrarás un cartel que te indique que no puedes hacer fotos, pero no te equivoques, NO PUEDES HACER FOTOS, a no ser que te de permiso el policia local que seguramente encontrarás cada 100 metros.
- También te encontrarás policias en las carreteras de vez en cuando: cuando cambies de provincia, cuando hayas hecho 50 km, aleatoriamente… Un forero de Lonely Planet aseguraba haber tenido que parar en 14 controles en los 1.100 km que hizo en Turkmenistán.
- De todas maneras, tanto policia puede tener su lado positivo, porque en Turkmenistán, según cuentan todos los viajeros, la señalización es regulera, bueno no, es casi inexistente: sólo hay indicaciones para llegar hasta Ashgabat.
- Lo que nos vendrá muy bien, ya que es esta la única ciudad de todo Turkmenistán donde hay cajeros automáticos.

Con el toque de queda, no hay más remedio que ver la tele
¿Y qué podemos encontrar en Ashgabat? Pues os remito a la descripción que hizo el equipo Team Twits el año pasado:
It was like a plastic city dropped in the middle of the desert with tinted glass and gold everywhere. As we got closer, the plastic turned out to be white marble buildings all brand new, and there was much more gold than first thought. It was like a toy city, as there were no people any where and 80 odd 20 story buildings, huge gold monuments of the leader and gold gold gold….
“Era como una ciudad de plástico tirada en medio del desierto con cristales tintados y oro por todas partes. Según nos acercamos, el plástico resultó ser edificios nuevos de mármol blanco y había mucho más oro de lo que a primera vista pudimos pensar. Era como una ciudad de juguete, ya que no había gente en ningún sitio y montones de extraños edificios de 20 plantas, enormes monumentos dorados del líder y oro, oro y más oro.”

Según cuentan A Mongolia pa Qué, Turkmenistán es un país en el que prima el aspecto exterior. Te encuentras hoteles de lujo por fuera que luego no lo son tanto. Quizás se deba a los gustos del nuevo presidente: fue capaz de destruir un pueblo entero con bulldozers porque no le agradaba su apariencia.
No es raro que incluso la aldea más pobre y pequeña tenga sus casas perfectamente encaladas, aunque se caigan por dentro.
Más información en Lonely Planet, A Mongolia pa Qué y Team Twits.








