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31 de Julio: Turkmenbashi – Ashgabat (Turkmenistán)

Con cansancio y bastante sucios, pero alegres, abandonamos la frontera.
Ante nuestros ojos se descubrió un paisaje totalmente nuevo: estábamos en pleno desierto, con sus dunas y todo.




A la moda de Asia central por el maravilloso mundo de los animales sueltos se unió una nueva especie: los dromedario. En los 500 kilómetros que separan Turkmenbasy de Asgabat no encontramos, al menos, con una treintena de ellos, si no más. Alguna vez tuvimos incluso que cederles el paso porque habían decidido cruzar la carretera, con una morosidad como sólo habíamos visto en los funcionarios aduaneros.




En la carretera, sorprendentemente, todo el mundo nos pitaba y saludaba con entusiasmo. Nos habíamos convertido en la sensación del desierto.
Turkmenistán es un país poco poblado, el 80% de su territorio es desértico y los pueblos distan entre sí unos 200 kilómetros. A cada poco, sin embargo, podíamos encontrar tenderetes de melones (fruta nacional que tiene incluso un día festivo reservado en el calendario) y controles policiales. Cada 100 kilómetros había uno por lo menos. También en cada cambio de provincia. Contamos hasta seis en nuestra travesía.
Afortunadamente, no nos paró ninguno.
8.000 km no son nada
Cruzamos Turkmenistán, un país extraño donde los haya en tres días. Después de salir de la frontera donde nos tuvieron en vela toda la noche rellenando papeles, cogimos la carretera hacia Ashgabat. Ibamos con Granito de Arena, asustados por los controles policiales que supuestamente nos iban a parar y a intentar sacarnos todos los dolares que llevábamos encima. Sin embargo, aunque sí que había un control policial cada 50km más o menos, decidieron no pararnos. Solo nos paró la policia dos veces y fue porque nos estábamos metiendo por sentido contrario. No es tan dificil equivocarse en un pais que apenas tiene carteles…
El 80% de la superficie de Turkmenistán es desierto, así que ya os podéis imaginar que no hay muchos pueblos ni áreas de servicio por las carreteras. Lo que si hay son camellos (o dromedarios, no lo sé) que pasan tranquilamente por la carretera, se cruzan, miran. Espectacular.


Y desierto, mucho desierto





Por fin llegamos a Ashgabat, esa ciudad de la que tanto habíamos oido hablar. Y no es para menos. En mitad del desierto aparece un mega ciudad con edificios de marmol blanco y oro por todas partes… y con un policia en cada esquina.
Oficialmente no hay toque de queda, no lo pone en ninguna guía y todos los locales lo niegan. Sin embargo, la discoteca del hotel donde nos alojamos y el restaurante donde cenamos que estaban llenos a las 10.30, mágicamente se vaciaron cuando se acercaron las 11 y todo el mundo salió literalmente corriendo hacia sus casas. Nosotros tuvimos que salir por la puerta de atras del restaurante y ya fuera vimos a los soldados patrullando la ciudad… Eso sí, nuestra furgoneta durmió a la intemperie y nadie le tocó ni un pelo.
Al día siguiente nos dimos una vuelta por el centro y nos hicimos nuestras correspondientes fotos con las estatuas de Niyazov, el Arco de la Neutralidad…


En nuestra ruta hacia Uzbekistán, decidimos parar a comer en un kafe de carretera a medio camino. La pinta por fuera era horrible: un cuchitril con un tejado de uralita pero sin duda fue un gran acierto. El bar consistía en una habitación con alfombras en vez de sillas y mesas y una pequeña cocina. Así que nos tumbamos a comer el plato que nos prepararon las chicas super amables que atendían el local. Y con melón de postre!



Como siempre, hubo que negociar el precio

Como no podíamos llegar hasta la frontera, nos quedamos a dormir en Mary, de la que podemos decir que es una de las ciudades más feas que hemos visto en nuestra vida. Eso sí, como en todo Turkmenistán, la gente extremadamente amable. Y curiosa, todos te preguntan de donde eres, qué haces aquí, ¡cuantos hijos tienes!. Todo un merito si tenemos en cuenta que todo se hace por señas…
Otra cosa curiosa de los turcomanos es su extrema pulcritud. Todos los hombres van con sus pantalones de pinzas y sus camisas limpias y bien planchadas. Y las mujeres con vestidos de vivos colores impolutos, ya estén en la capital o en una polvorienta carretera del desierto.

Mary, una de las ciudades más feas que conocemos

Esto estaba en mitad de la carretera

Mujeres turcomanas paseando por la carretera

Anciano con el típico gorro turcomano

Así son las gasolineras en este rincón del mundo
Hoy, por fin, nos hemos tomado el día de descanso en Bújara, una preciosa ciudad uzbeka. Después de 8.000 km de conducir, conducir y conducir nos mereciamos un alto en el camino para relajarnos un poco.








