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6 y 7 de Agosto: Chinaz – Almati (Kazajistán)

Una vez que nos abrieron la frontera, a las 7 de la mañana, aún tuvimos que esperar cuatro horas más para salir. La mala organización y el hecho de que nada esté informatizado (copian a mano los datos en cuatro lugares distintos, con la dificultad que supone dado el cambio de alfabeto) son las razones primordiales para que los trámites sean tan sumamente tediosos.
Por fin, estábamos dentro.
Kazajistán es el noveno país más grande del mundo, pero con una bajísima densidad de población (menos de 6 habitantes por kilómetro cuadrado). Su paisaje recuerda a las grandes praderas que hemos visto en las películas del lejano oeste. No es extraño, de hecho, encontrar vaqueros montados a caballo guiando sus reses. Y por el sur, el país se encuentra bordeado por una espectacular cordillera, el Tian Shan, coronada por nieves perpetuas.
Decidimos seguir nuestra ruta con El Equipo A Mongolia, compuesto por cuatro veinteañeros que están realizando la aventura con una espectacular ambulancia cedida por la comunidad de Madrid, y que hace las veces de mini-apartamento.

Si ya nos pitaban normalmente, yendo con ellos, la carretera es una auténtica verbena. Tanto llaman la atención que hasta nos paró un coche de reporteros de la televisión de Astana para hacernos una entrevista.

Al lugar donde nos detuvimos para ello, fueron llegando (y parando) otros tres equipos del rally y decidimos ir todos juntos en convoy hasta Almati para pasar la noche.




5 de Agosto: Algún lugar de camino a Tashkent – Chinaz (Uzbekistan)

Nos levantamos temprano para llegar pronto a la frontera y poder entrar en Kazajistán ese mismo día. Estuvimos preguntando en Tashkent por dónde se accedía a la frontera kazaja y la misión no resultaba fácil, porque no hablamos ruso ni ellos inglés y, además, porque la ciudad no es pequeña precisamente.
Cuando ya la teníamos casi enfrente, uno de los cientos de controles policiales que hay en el país nos informó cordialmente de que la frontera estaba cerrada y nos indicó otra… Nos tocó desandar unos 80 kilómetros de camino, pero la encontramos.
Allí estaban esperando para cruzar por lo menos otros 10 equipos del rally.

Esperando con El Equipo A Mongolia
Nosotros llegamos sobre la una del medio día y aquello tenía pinta de ir para rato… ¡Y tanto! A las siete de la tarde solo cuatro coches habían conseguido cruzar, y la frontera cerraba a las ocho. Era evidente que nos iba a tocar dormir allí, como así fue.
Lejos de desanimarnos, montamos una pequeña fiesta fronteriza: los italianos cocinaron pasta para todos; los que sabían de mecánica revisaron los coches de los demás; otros sacaron las guitarras, los gallegos aportaron un terrible cd de chistes de Arévalo; organizamos incluso una pequeña liguilla de mus…
Entre unas cosas y otras compartimos las anécdotas y vivencias que cada uno había encontrado en su camino.
Todos los que habían atravesado Irán en su ruta se mostraban entusiasmados por la experiencia. Coincidían en la belleza del país y en la amabilidad de sus gentes.
Cuando se fue la luz, montamos nuestras tiendas y allí dormimos. Tantas horas perdidas en la frontera nos obligarían a hacer kilómetros al día siguiente y para ello había que descansar.


Recibimos el CD de los chistes de Arevalo que se había traido Scratch Galicia de la mano de los asturianos de Marco Polo
21 de juio: Klenová-Budapest (Hungría)

Amanecimos contentos y, afortunadamente, sin resaca. Recogimos nuestras tiendas (que se montan en un segundo, pero en desmontarlas se tarda algo más) y estudiamos la ruta a seguir con el resto de los equipos.
Chopi, de El Equipo A Mongolia nos regaló una caja entera de Red Bull (tenían docenas) mientras nos contaba que su intención era relajarse en los famosos baños de Budapest. Así que partimos hacia allí con la misma idea. Pero no pudo ser porque, como siempre, llegamos tarde.
Dejamos la República Checa, cruzamos la frontera austriaca y alcanzamos la húngara sin parar ni siquiera a estirar las piernas. Cabe decir, si se me permite, que por esa Europa civilizadísima que hemos atravesado, han
tenido lugar las micciones más caras de mi historia: entre 0’50 € o 1€ cada vez que la necesidad lo requería. Eso sí, me he escaqueado de pagar todas las veces que he podido, porque este rally es así.
Ya en Budapest cenamos con otro equipo amigo Mans i maniques, que le dieron, por cierto, nombre a nuestra furgo que aún no lo tenía: la Hispano-suiza.
La historia comenzó antes de salir de España, donde decidimos poner una pegatina en la furgo con la bandera de cada país por el que pasáramos, y oh fatalidad, ya en Francia no pudimos comprar ninguna. Pero no desistimos y en Suiza compramos y pegamos la suya, pensando que no sería difícil completar más tarde las que nos faltaran… y que si quieres arroz, Catalina: ni la de Francia, ni la de Alemania, ni Chequia , ni… Así que ahora, sin ningún tipo de fuste, llevamos las pegatinas española y la suiza juntas… y me temo que así van a quedarse.
Último apunte tranquilizador para las madres: A la salida de Budapest nos arreglaron gratis la cerradura de la furgo… ¡¡¡¡¡¡nada menos que en la Porsche!!!!!!








