Tag Archive


Albacete Altai Azerbayán año nuevo Baku Barcelona Christina Noble Christina Noble Children's Foundation coche coches Donaciones El Equipo A Mongolia fear and laugh Fiesta frontera Georgia Gobi granito de arena Irán juegos Kazajistán Klenová mapas Mongolia mongol rally Mongol rally 2009 Niyazov noruz ONG patrocinadores República Checa rusia ruta Samarcanda Seat Inca solidaridad Tamerlán Turkmenistán Turquía Ulan Bator Uzbekistán Uzbequistán Venim d'Onil viaje vídeos

13 de Agosto: Tashanta – Tsagaanuur (Mongolia)

o Cero grados (ni frío ni calor)

Cuando alcanzamos por fin la frontera de Mongolia, comenzamos a realizar los trámites habituales: enseñar los pasaportes, ir a una ventanilla a rellenar formularios, enseñar los pasaportes, asegurar que ni por asomo tienes gripe A, pagar algún dólar extra, enseñar los pasaportes… pero la realidad es que fueron unas gestiones ágiles.

Tras todo eso, cuando pensábamos que solo faltaba que nos abrieran la puerta, nos dijeron que teníamos que esperar. Mientras tanto, iban llegando más ralliers.

A eso de las 6 de la tarde, una amable funcionaria nos dijo que había un problema con el pago de las tasas de exportación de los vehículos. Nosotros podíamos salir, pero nuestros coches no. La organización no había pagado y hasta que no se hiciera efectiva la transferencia, no nos podíamos ir. Y eso no sucedería hasta el día siguiente. Nuestros entumecidos cuerpos tendrían que soportar, no sin dolor, una nueva noche de inclemencias siberianas.

Un equipo inglés llamó a la organización a pedir explicaciones. No nos convencieron. Lo que nosotros sospechamos
es que , dado que otros años muchos coches no llegaban por ser más viejos, the adventuris pagaba una cantidad, haciendo el cálculo de los que sí lograrían llegar y embolsándose el resto. Este año, sin embargo, están llegando más y aunque este problema se repite desde hace 15 días, ellos prefieren pagar por cada coche que llega, sin importarles lo más mínimo hacernos esperar, y lo que es peor, ni las condiciones en las que esa espera se realiza. De vergüenza.

Pero, a mal tiempo, buena cara, nunca mejor dicho. Montamos un campamento base, fuimos andando hasta el pequeño pueblo fronterizo que nos da la bienvenida a Mongolia y nos surtimos de todo lo necesario para pasar otra inclemente noche de fresquito. Rafa y yo nos hicimos con dos feísimos abrigos de camuflaje, de pésima calidad china (cremalleras rotas a la segunda subida), Valeriano se compró un gorrete de lana y Roque, un abrigo terrible, largo, tipo matrix pero acolchado, con la suerte de ser de segunda mano y no parecía que lo hubieran lavado mucho antes de ponerlo en venta. Estas cosas, y las que os cuento a continuación, solo pasan cuando a tu supervivencia se le enciende el piloto de emergencia.

Llegó la hora de hacer la cena. Un viento horrible nos auguraba que se iba a quedar con todo el gas de nuestra bombona, por lo que decidimos hacer fuego. Pero había un problema. La estepa siberiana no gusta de criar árboles, por lo que la madera no era algo con lo que pudiéramos contar. Así que decidimos mimetizarnos con el entorno e ir a comprar aquello que utilizan los autóctonos para hacer lumbre: moñigas de yak.

Sí, así es. Compramos dos buenas bolsas de (perdonadme la expresión) mierdas resecas. Y con eso cocinamos nuestra cena. En su favor diré que no sueltan aroma y prenden muy bien, manteniendo un buen rato el calorcico. Sabemos que esto provocará alguna que otra broma fácil, pero es un dato que no queríamos ocultar.

Y, de repente, empezó a nevar.

Así que buscamos cobijo en una casa-chabola del pueblo y puedo prometer que la sensación de dormir allí nos supo a suite del Ritz. Y os aseguro que no lo era…

Escrito por admin |  Archivado en Diario de viaje | Aún no ha comentado nadie :(

5 de Agosto: Algún lugar de camino a Tashkent – Chinaz (Uzbekistan)

o Las cosas de palacio van despacio

Nos levantamos temprano para llegar pronto a la frontera y poder entrar en Kazajistán ese mismo día. Estuvimos preguntando en Tashkent por dónde se accedía a la frontera kazaja y la misión no resultaba fácil, porque no hablamos ruso ni ellos inglés y, además, porque la ciudad no es pequeña precisamente.

Cuando ya la teníamos casi enfrente, uno de los cientos de controles policiales que hay en el país nos informó cordialmente de que la frontera estaba cerrada y nos indicó otra… Nos tocó desandar unos 80 kilómetros de camino, pero la encontramos.

Allí estaban esperando para cruzar por lo menos otros 10 equipos del rally.


Esperando con El Equipo A Mongolia

Nosotros llegamos sobre la una del medio día y aquello tenía pinta de ir para rato… ¡Y tanto! A las siete de la tarde solo cuatro coches habían conseguido cruzar, y la frontera cerraba a las ocho. Era evidente que nos iba a tocar dormir allí, como así fue.

Lejos de desanimarnos, montamos una pequeña fiesta fronteriza: los italianos cocinaron pasta para todos; los que sabían de mecánica revisaron los coches de los demás; otros sacaron las guitarras, los gallegos aportaron un terrible cd de chistes de Arévalo; organizamos incluso una pequeña liguilla de mus…

Entre unas cosas y otras compartimos las anécdotas y vivencias que cada uno había encontrado en su camino.

Todos los que habían atravesado Irán en su ruta se mostraban entusiasmados por la experiencia. Coincidían en la belleza del país y en la amabilidad de sus gentes.

Cuando se fue la luz, montamos nuestras tiendas y allí dormimos. Tantas horas perdidas en la frontera nos obligarían a hacer kilómetros al día siguiente y para ello había que descansar.



Recibimos el CD de los chistes de Arevalo que se había traido Scratch Galicia de la mano de los asturianos de Marco Polo

Escrito por admin |  Archivado en Diario de viaje | Aún no ha comentado nadie :(

27 de Julio: Batumi – Gazakh (Azerbayán)

o Del amor al odio en 500 km


En Batumi, ciudad que permite la acampada libre, dormimos con nuestras tiendas en la playa. Cuando nos despertamos (si es que llegamos a dormir dado el escándalo que organizaron unos chiringuitos limítrofes), salimos de la ciudad.

En las afueras, que estaban repletas de calles sin asfaltar y de gentes deambulando como zombies (es lo más parecido a Resident Evil que habíamos visto en la realidad), un inmenso olor a gas invadió nuestro coche. Miramos fuera, para descubrir su procedencia, y vimos un gasoducto, bastante deteriorado, que emanaba chorros de gas en estado líquido. No parecía muy seguro. Seguimos hacia adelante.

Tan pronto como salimos de Batumi el paisaje costero cambió radicalmente, para convertirse ante nuestros ojos en una auténtica selva absolutamente verde, algo que jamás hubiéramos sospechado que existiría en estas latitudes.

Si al inicio del país nos había sorprendido ver a las vacas sueltas por doquier, la cosa no mejoró al ir adentrándonos en el territorio, más bien se fueron sumando clases de animales a la granja ambulante de Georgia: cerdos, ocas, cabras, caballos… y muchos, muchísimos perros.

Realmente, Georgia nos estaba agradando, contra todo pronóstico. Había cosas ciertamente increíbles. Por ejemplo, una estatua de Don Quijote en un cruce de caminos, buenas carreteras y, aunque suene morboso, sus cementerios: la costumbre georgiana es enterrar a sus muertos en tumbas y no en nichos, al menos es así en los cementerios rurales, pero no ponen una lápida con una pequeña foto del finado, sino mármoles de un metro de altos con fotos o grabados de cuerpo entero. Daba la impresión de que estaban vivos, de pie, observando a los coches que circulan por la carretera.


Cementerios caucasianos

Conforme el selvático verde inicial se fue tornando ocre, los pequeños pueblos fueron cada vez menos frecuentes, las carreteras empeoraban (hasta el punto de desaparecer en algunos tramos) y las gentes que nos encontramos parecían tristes y desocupadas. Cada vez se veían más gasolineras abandonadas y áreas de servicio muy deterioradas, que aún dejaban traslucir algún mínimo detalle de un antiguo esplendor. Los perros, cada vez más famélicos. Era fácil suponer, viendo aquello, que la independencia de la antigua Unión Soviética había hecho mella en este país poco fértil (salvo el sur) y con escasa industria, que se hallaba en un evidente retroceso.


Los carteles estaban en otro alfabeto más: el georgiano

Alcanzamos la frontera a eso de las cinco de la tarde. Nos invadió la desesperación al ver una fila inmensa de camiones que tambien pretendían entrar y, por lo que pudimos enterarnos preguntando, iba la cosa como para cinco horas de espera. No os podéis imaginar cómo era aquel lugar: sucio, lleno de serpientes (según nos dijeron) y era más que probable que tuviéramos que acampar allí.

Eva, de Granito de Arena, “convenció” a la policía para que nos dejara pasar… pero yo seguía teniendo en mi mente el pasaporte roto… En breve sabríamos si me dejaban pasar o me debía volver a casa. Menudos nervios.


Saltándonos una cola de varios kilómetros, ¡gracias, Eva!

Nos tocó el turno de entregar nuestra documentación en la frontera. Yo estaba bastante preocupada, porque todos los policías de la salida de Georgia repararon en su rotura e hicieron comentarios poco halagüeños. Yo no quería pegarlo por si decían que lo había manipulado. Así que, ahí estábamos, frente a una decena de jóvenes militares con sus ametralladoras y teníamos que mostrarles nuestros documentos.

Cuando entregué el mío no pusieron muy buena cara y me condujeron a la garita de un superior, acompañada por un soldado que, más o menos, hablaba inglés.

Por lo que entendí, y viendo sus rostros, tenía un problema.

Me puse a llorar, dije que no sabía qué hacer, que tenía que atravesar cinco fronteras más, que en el país no había embajada española…

El oficial, un señor gordo con bigote, muy serio, abrió un maletín. Me temblaban las piernas. Para mi sorpresa de allí sacó… ¡unas tijeras y papel celo! Y entre los dos (porque me pidió ayuda) estuvimos arreglando mi pasaporte como dos escolares pegando un collage. Lástima no tener fotos de tan grotesca escena, pero no estaba la ocasión para reportajes.

Roque, que tuvo mucho éxito con un militar algo sarasa, mientras tanto, entregó los papeles del coche y una serie de dólares para pagar cosas que se iban inventando sobre la marcha… Era evidente que nos veían “euros con patas” y que en el país había bastante corrupción.

Terminados los trámites, ya de noche, nos adentramos en el país en busca del hotel que nos habían indicado.

No había carretera, solo una pista de arena por la que cruzaban zorros y chacales y no se veía ninguna luz por ningún sitio.

A unos 40 km encontramos el hotel y allí dormimos. Queríamos madrugar para poder llegar a Baku cuanto antes y coger el ferry que nos llevaría a nuestro siguiente destino: Turkmenistán

Escrito por Luisa |  Archivado en Diario de viaje | Aún no ha comentado nadie :(

Asia Central, ¿qué hacemos?

Aparte de Mongolia, la zona que más nos apetece visitar y que más alabanzas de equipos de otros años ha recibido es Asia Central. Pero también es la que más dolores de cabeza nos está dando

La primera opción era hacer Azerbaiján – Irán – Turkmenistán – Uzbekistán – Kirguizistán – Kazajistán.

Esta opción la descartamos porque no estamos seguros del trato que pueden dar ciertas autoridades iranies a un equipo mixto. Seguro que la mayoría de iranies son super majos, pero…

La segunda opción, vigente ahora mismo es, Azerbaiján – Mar Caspio – Kazajistán – Uzbekistán – Kirguizistán – Kazajistán.

¿Qué tiene de malo esta ruta? En principio nada, pero uno, que es más curioso de lo que debería ser, se ha metido en las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores y se ha encontrado con este bonito y escueto texto:

Zonas de riesgo (deben ser evitadas):

Zonas fronterizas con Uzbekistán y Kirguistán.

Así, sin más. Hemos preguntado a la embajada en Kazajistán por correo electrónico para que nos amplíe la información y su respuesta ha sido:

En relación a su consulta, esta Embajada no puede más que reafirmar lo establecido en la recomendaciones de viaje de la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación

Esto se llama diplomacia.

En resumen, que nos quedamos un poco más intranquilos, aunque somos conscientes de que muchos otros equipos han pasado por esa frontera en años anteriores. ¿Alguien ha pasado por ahí recientemente y nos puede decir algo?

Escrito por Valeriano |  Archivado en La ruta, Preparando el viaje | Un comentario