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18 de Agosto: Desierto del Gobi – Bayanhongor
Después de 14.000 km recorridos, más de 1.000 de ellos en Mongolia, sin siquiera una avería grave en el coche (muchos otros equipos ya se habían tenido que retirar), cuando apenas nos quedaban 600 km para llegar a Ulán Bator, un río bastante caudaloso se cruzó en nuestro camino.

Nos habían advertido de la dificultad para cruzarlo. Una vez en sus orillas, preguntamos a los locales cuál era el mejor lugar para atravesarlo. Era evidente que por donde discurría el camino, no se podía cruzar (cubría un metro más o menos) a no ser que existiera un puente. No sé por qué no nos extrañamos de que no lo hubiera. Los lugareños nos llevaron a un recodo del río por el que, en teoría, se podía pasar.
Ahora es fácil lamentarse y descubrir nuevas alternativas que nos hubieran ahorrado el mal trago, sin embargo, en aquel momento decidimos seguir el erróneo consejo local. Nos metimos y pisamos a fondo para evitar que entrara agua por el tubo de escape. Cuando solo nos habíamos adentrado un par de metros en el cauce, la furgo se paró.
Rápido, había que salir y empujar. Roque abrió la puerta y comenzó a inundarse el interior de coche, el agua nos llegaba por la rodilla.
Pudimos, no sin esfuerzo, sacar el coche del río empujando. Ahora tocaba esperar.

Achicando el agua de la furgo
Al sacar el coche del río, Roque empezó a analizar los posibles daños del motor. En un primer momento vio que el filtro del agua estaba chorreando, pero, en fin, no parecía que fuera a haber algún otro problema una vez que se secara todo.
De suerte que esta etapa la habíamos hecho con un quipo de ingleses, The Yakshunters, que contaban en sus filas con un auténtico McGyver. Remolcaron nuestro coche con su 4×4, que sí había cruzado el río sin problemas, y se puso a mirar el motor.

Nuestro motor
Mientras se analizaban los posibles daños de nuestro vehículo, nos estuvimos entreteniendo con una auténtica jauría de niños que vivían en los gers que se encontraban a ambos lados del río. Les dimos caramelos, globos, fruta… todo era para ellos una fiesta. En mi vida había visto niños tan sucios y tan felices.
Esa población del río ha sido probablemente la más pobre con la que nos hemos encontrado. En Mongolia no parece haber problemas de alimentación, también tienen ropas que ponerse, no es la pobreza que puedes imaginar viendo el telediario. Simplemente lo que ocurre es que tienen muy, muy pocas comodidades. Para ellos que tuviéramos que estar dos horas mirando el coche fue la alegría del mes.



El diagnóstico del vehículo era grave, todo parecía indicar que podía haber entrado agua en los cilindros, lo que podría haber ocasionado que se doblara una biela. No nos quedó más remedio que ser remolcados por The Yakshunters durante los 100 km que nos separaban de Bayanhongor, último lugar para intentar reparar el coche o en su defecto dejarlo y que la ONG pudiera recogerlo y utilizar lo que quedara vivo.

Menos mal que estaban allí The Yakhunters para remolcarnos
El camino fue bastante duro, tanto para nosotros como para el equipo que nos remolcaba. Era algo peligroso. Íbamos tragando polvo, recibiendo todos los chinazos y arrastrando nuestros bajos por las piedras. En más de una ocasión se rompió la cuerda que nos unía al otro coche. Sin embargo, nuestra mayor preocupación ahora era el estado del vehículo que nos llevaba, ya que también había sufrido lo suyo. Ellos también eran conscientes de que podían romper, pero decidieron no dejarnos tirados. Entendimos una vez más por qué este es un rally solidario.
Un mecánico de Bayanhongor insistió en que sabía lo que le pasaba al coche y podía arreglarlo. Sin embargo, los medios con los que contaba eran escasísimos. No tenía casi herramientas y de hecho se fabricaba él mismo las que iba necesitando. Nos desmontó el coche entero para confirmarnos lo que ya tristemente sospechábamos: nuestra Seat Inca no volvería a arrancar.

Nuestro “mecánico” en su “taller”
Algo tristes y bastante decepcionados nos fuimos al hotel, repasando mentalmente, aunque ya no servía de nada, cómo podíamos haberlo hecho mejor. Los equipos que iban llegando nos explicaban cómo los locales, después de nuestro incidente, se ofrecían a remolcar los suyos con el motor apagado, por un módico precio
17 de Agosto: el predesierto del Gobi
Proseguimos el viaje por estas llanuras inmensas, sin vegetación pero con todo tipo de fauna, y nos fuimos reencontrando a otros equipos.
Tuvimos el primer susto del día cuando los 40 litros de combustible que llevabamos en la baca, junto con el anticongelante y otros cachivaches salieron volando en un mal bote de la furgoneta.






Después de un día de polvo, camellos y alegrías al reencontrar a los Yak Hunters, hicimos un gran campamento de cuatro equipos para pasar la noche.
16 de Agosto: Khovd – el predesierto del Gobi
Dormimos en Khovd, donde pudimos ducharnos, adecentarnos un poquito y entablar conversación con un curioso personaje local. Telec, que hablaba inglés con mucha fluidez (cosa muy extraña en Mongolia, expecialmente fuera de Ulan Bator), nos contó como había sido campeón de boxeo en su región dos años consecutivos, pero que realmente era profesor de inglés y estaba escribiendo el primer diccionario inglés – mongol moderno.

Además ejercía de guía-guardaespaldas para turistas extranjeros. No nos dejó muy tranquilos la cicatriz que tenía en la cara fruto de un encontronazo con mongoles cuando acompañaba a unos extranjeros. “Nunca pasa nada pero… mejor no acampéis en la zona desértica que hay antes de Altai” fue su recomendación.

Las pequeñas ciudades como Khovd o Altai consisten en apenas cuatro edificios, un bullicioso mercado y campos de gers. Aunque los mongoles se asienten en poblaciones, siguen prefiriendo habitar sus viviendas tradicionales: es más barato, más cálido y más confortable para ellos.

En todos los sitios lo único que se puede comer es arroz y cordero cocidos y leche y queso de yak. El queso tiene forma de turrón (del duro) y tiene textura de turrón (del duro), pero ni de casualidad sabe a turrón. Es más bien una terrible mezcla entre yogur agridulce y queso rancio. A ellos les encanta. A nosotros, no. Incluso hemos llegado a aborrecer ese peculiar olor que impregna todo en Mongolia: las casas, las ropas, las calles, los billetes…
A pesar del consejo de Telec, visto lo poco que tenían que ofrecer las ciudades, decidimos acampar al aire libre, al norte del desierto del Gobi. No hay dunas todavía, pero sí inmensas y áridas llanuras. Parece increíble que allí, donde apenas hay pastos, hayamos podido encontrarnos con todo tipo de fauna: caballos y camellos salvajes, buitres (algunos tan grandes que de lejos se confundían con personas), cabras, yaks, ovejas…





Impresiona sobre manera el cielo mongol. Por el día, las nubes parecen estar a ras de suelo. De noche el espectáculo de estrellas, en uno de los cielos menos contaminados de planeta, es sobrecogedor. Daba la impresión, por la nitidez con las que se veían las constelaciones, de que estabas en un planetario. Pudimos comprender el concepto de bóveda celeste: de pie, totalmente a oscuras, sin ninguna montaña ni otra cosa que obstaculizara nuestra vista hasta el remoto horizonte, estábamos totalmente rodeados de estrellas.
El jerbo orejudo, un bichejo simpático
Este animalillo que veis aquí (y que parece de mentira) fue descubierto por una expedición científica en el desierto del Gobi, que es donde habita, pero no se tienen muchos más datos sobre él.
Es diminuto (sólo mide unos 10 centímetros) y tiene un aspecto bastante gracioso. Parece ser que es único en su especie y algo difícil de clasificar: tiene orejas de conejo (es, de hecho, el mamífero de orejas más grandes), naricilla de cerdo, patas de canguro y cuerpo de ratón.
Este Mickey Mouse del desierto, nombre por el que también se le conoce, vive de noche y, desgraciadamente, está en peligro de extinción.
Me gustaría aportar más datos acerca de él, pero es que, como os decía, no se sabe mucho más. Así que os dejo un vidiete que he encontrado para que lo veáis en acción:
¡Qué coseja más bonica!
Información extraída de BBC mundo, de planeta curioso, de los animales, de 20 minutos y de pepegrillo. En esta última página hay unas fotos muy chulas del ratoncete.
La foto es de público.es







