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13 de Agosto: Tashanta – Tsagaanuur (Mongolia)

o Cero grados (ni frío ni calor)

Cuando alcanzamos por fin la frontera de Mongolia, comenzamos a realizar los trámites habituales: enseñar los pasaportes, ir a una ventanilla a rellenar formularios, enseñar los pasaportes, asegurar que ni por asomo tienes gripe A, pagar algún dólar extra, enseñar los pasaportes… pero la realidad es que fueron unas gestiones ágiles.

Tras todo eso, cuando pensábamos que solo faltaba que nos abrieran la puerta, nos dijeron que teníamos que esperar. Mientras tanto, iban llegando más ralliers.

A eso de las 6 de la tarde, una amable funcionaria nos dijo que había un problema con el pago de las tasas de exportación de los vehículos. Nosotros podíamos salir, pero nuestros coches no. La organización no había pagado y hasta que no se hiciera efectiva la transferencia, no nos podíamos ir. Y eso no sucedería hasta el día siguiente. Nuestros entumecidos cuerpos tendrían que soportar, no sin dolor, una nueva noche de inclemencias siberianas.

Un equipo inglés llamó a la organización a pedir explicaciones. No nos convencieron. Lo que nosotros sospechamos
es que , dado que otros años muchos coches no llegaban por ser más viejos, the adventuris pagaba una cantidad, haciendo el cálculo de los que sí lograrían llegar y embolsándose el resto. Este año, sin embargo, están llegando más y aunque este problema se repite desde hace 15 días, ellos prefieren pagar por cada coche que llega, sin importarles lo más mínimo hacernos esperar, y lo que es peor, ni las condiciones en las que esa espera se realiza. De vergüenza.

Pero, a mal tiempo, buena cara, nunca mejor dicho. Montamos un campamento base, fuimos andando hasta el pequeño pueblo fronterizo que nos da la bienvenida a Mongolia y nos surtimos de todo lo necesario para pasar otra inclemente noche de fresquito. Rafa y yo nos hicimos con dos feísimos abrigos de camuflaje, de pésima calidad china (cremalleras rotas a la segunda subida), Valeriano se compró un gorrete de lana y Roque, un abrigo terrible, largo, tipo matrix pero acolchado, con la suerte de ser de segunda mano y no parecía que lo hubieran lavado mucho antes de ponerlo en venta. Estas cosas, y las que os cuento a continuación, solo pasan cuando a tu supervivencia se le enciende el piloto de emergencia.

Llegó la hora de hacer la cena. Un viento horrible nos auguraba que se iba a quedar con todo el gas de nuestra bombona, por lo que decidimos hacer fuego. Pero había un problema. La estepa siberiana no gusta de criar árboles, por lo que la madera no era algo con lo que pudiéramos contar. Así que decidimos mimetizarnos con el entorno e ir a comprar aquello que utilizan los autóctonos para hacer lumbre: moñigas de yak.

Sí, así es. Compramos dos buenas bolsas de (perdonadme la expresión) mierdas resecas. Y con eso cocinamos nuestra cena. En su favor diré que no sueltan aroma y prenden muy bien, manteniendo un buen rato el calorcico. Sabemos que esto provocará alguna que otra broma fácil, pero es un dato que no queríamos ocultar.

Y, de repente, empezó a nevar.

Así que buscamos cobijo en una casa-chabola del pueblo y puedo prometer que la sensación de dormir allí nos supo a suite del Ritz. Y os aseguro que no lo era…

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12 de Agosto: Barnaul – Tashanta (Rusia)

o Atravesando los montes de Altai

Salimos de Barnaul pensando que nos quedaban 200 km escasos hasta la frontera mongola, para enseguida llevarnos el chasco de que faltaban más de 700 km. La parte buena era que teníamos que atravesar los montes Altai, una cordillera espectacular, que se extendía y se extendía. Parecía no tener fin.

Atravesamos sus laderas y sus valles, bañados de caudalosos ríos y de otros más medianos, rodeados de frondosos bosques y montañas con los picos nevados durante horas y horas y horas.

Por fin llegamos a la frontera. Sabíamos que estaría cerrada, pero queríamos acampar allí para ser los primeros en entrar por la mañana. Detrás de nosotros, aparecieron más equipos.

Estamos en agosto y, sin embargo, la temperatura no superaba los 5 grados. Caímos en la cuenta de que estábamos en Siberia y aquí, el frío y el viento no dan tregua ni en verano. ¿Estábamos preparados para soportar esa temperatura? Simplemente, no. Nos pusimos todo, absolutamente todo lo que teníamos para abrigarnos y, creedme, creo que nunca en mi vida he sentido una sensación igual. No había forma de entrar en calor. Durante la noche se alcanzaron los 3 grados. Es, lo que podríamos decir en términos manchegos, un frío negro. Sobre todo, cuando te has hecho la mochila en ese Albacete de 37 grados y ni remotamente piensas que vas a necesitar en el verano algo más que una sudadera recia.

The Adventurists, la empresa organizadora del Mongol Rally, nos había avisado vía sms de que el trámite en la frontera mongola se venía realizando con una media de 24 horas. Pero en la parte de la salida de Rusia, las gestiones fueron más o menos rápidas. Estábamos contentos con nuestra suerte. Qué gran engaño.

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11 de Agosto: Frontera kazajo-rusa – Barnaul (Rusia)

o Desde Rusia, con amor

A eso de las cuatro de la mañana salimos de la frontera y, tras dormir un par de horillas en el coche, nos dirigimos hacia Barnaul, la ciudad más al norte de nuestra ruta.

Un nuevo país, un nuevo paisaje. Todo verde con hileras de árboles por todos los lados y una fresquísima hierba cubriendo todo el suelo. No se veía ni un trozo de tierra. En nuestra ignorancia, pensábamos que más allá de Moscú, Rusia se tornaría tan desarreglada como el resto de ex repúblicas soviéticas que habíamos visitado ya. Nada más lejos. Las carreteras eran excepcionalmente buenas. Poco tenían que envidiarle a las que dejamos atrás hace un mes en la vieja Europa.


Llegamos a Siberia y empezamos a pasar frío

En Barnaul nos alojamos. Necesitábamos algo de descanso y una buena ducha. Varios días acampando habían hecho mella en nuestra higiene.

Barnaul es una próspera ciudad industrial con una distribución un poco extraña para nuestros ojos occidentales. No existe un centro ciudad del que salen el resto de calles. Hay grandes avenidas llenas de centros comerciales, sin escaparates a la vía y enormes bloques de edificios, pero no pegados los unos a los otros. Cada finca está exenta de las que la rodean. Ya no son tan grises como las que vimos en Tukmenistán, por ejemplo. Ahora decoran las fachadas de colores, lo que le da un aspecto algo menos serio y triste.

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El caviar rojo no es caviar

Lo que casi seguro que no comeremos en este viaje, es el típico manjar del Caspio: el caviar. No porque no nos guste, sino por el precio más que nada. Hoy en día, esto es un manjar que se pueden permitir muy pocos, pero no siempre fue así.

El caviar son los huevos de la hembra del esturión
(principalmente). Algunas de las variedades de esturión más apreciadas son el beluga, el ossetra o el sevruga, y todas ellas se pescan en el mar Caspio. De ahí que sean Irán, Rusia y Azerbaiyán los principales productores. Lo que se conoce como caviar rojo, son huevas de salmón y eso, técnicamente, no es caviar.

Fueron los persas los primeros que empezaron a consumir caviar en la antigüedad, ya que pensaban que aportaba resistencia física y fuerza. Es decir que lo comían como una especie de reconstituyente, no como una exquisitez. En Rusia durante la Edad Media lo comían las clases más bajas como sustituto de la carne en días de ayuno; comer caviar era una penitencia.

Por extraño que parezca, ya Cervantes mencionó el caviar en El Quijote (capítulo LIV):

Tendiéronse en el suelo, y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre ellas pan, sal, cuchillos, nueces,rajas de queso, huesos mondos de jamón, que si no se dejaban mascar,no defendían el ser chupados. Pusieron asimismo un manjar negro que dicen que se llama caviar y es hecho de huevos de pescados, gran despertador de la colambre.

Llegó un momento en el que la aristocracia rusa empezó a verlo como una delicia. En una recepción a Luis XV, el embajador del zar quiso agasajarlo ofreciéndole una caja de caviar. Sin embargo, el monarca al probarlo, lo escupió. De esta manera se mantuvo el estatus de comida para pobres en el resto del mundo y delicatesen para la nobleza rusa.

Pero en esto llegó la Revolución Bolchevique y los aristócratas tuvieron que abandonar el país, llevándose con ellos su prestigio y sus costumbres. Y fue así como la clase alta europea y de EEUU descubrió que esas bolitas negras que ingería la oligarquía rusa en el exilio y que habían presentado en la Exposición Universal de París de 1925 eran bocatto di cardinale.

Más información en Wikipedia, la Historia del Caviar y Enciclopedia Gourmet

La foto de las cucharillas con el canapé de caviar es de stephan* y la del caviar en el recipiente plateado es de Marco Veringa

Escrito por Valeriano |  Archivado en Culturas y tradiciones | Aún no ha comentado nadie :(

Una niña cuidada por animales

Chita (Чита), la ciudad donde se cree que nació Gengis Khan es noticia estos días.

Chita es una ciudad mediana (el doble de grande que Albacete, para que os hagáis una idea), en la Siberia rusa, a apenas unos cientos de kilómetros del lago Baikal o de Ulán Bator. No es muy conocida, salvo porque pudo haber sido la localidad natal de Gengis Khan, y porque durante el comunismo fue una ciudad cerrada: todos los extranjeros tenían prohibido el acceso.

Hace unos días, la policia de Chita (¿se llamará policia chitana?) encontró a una niña de cinco años viviendo en un cuarto con perros y gatos, sin haber salido nunca al exterior. A pesar de que en el mismo piso vivían su padre y su abuelo. Como os podéis imaginar, estaban en la más absoluta miseria, sin agua, luz eléctrica o calefacción (en Siberia).

A pesar de sus cinco años, Natasha no ha aprendido a hablar y se comporta como si fuera uno de los animales que la han estado cuidando: emite gemidos en vez de hablar, lame el plato para comer… Los policias dijeron que la encontraron “sin lavar, con ropa sucia y con los hábitos normales de un animal doméstico, ya que saltó hacia los oficiales como un perro”

Lo más sorprendente de todo es que parece que los médicos que la están tratando ven que puede recuperarse totalmente. Esperemos que así sea.

Más información en 20minutos o La Vanguardia y en inglés en el Daily Mail

La foto es también del Daily Mail

Escrito por Valeriano |  Archivado en General | Aún no ha comentado nadie :(

Déjalo, ya te llamo yo

El otro día me preguntaba un compañero cuánto nos podría costar llamar por teléfono desde Mongolia. Como no tenía ni idea, solo intuía que mucho, lo he estado mirando en la web de Movistar (aquí podéis mirarlo los que seais Vodafone), y este es el resultado (para Movistar de contrato):

¿Qué os parece? En Turquía o Rusia, una conversación de diez minutos nos cuesta 17 euracos, pero es que en el resto de países no europeos nos van a costar, sólo 10 minutos, ¡¡23 euros!!. Así que mamá lo siento, pero si no encontramos locutorios, la comunicación irá por SMS…

Y también he puesto lo que cuestan las comunicaciones móviles de datos. Más que nada porque un patrocinador nos sugirió llevarnos un módem 3g para tener la seguridad de que podemos enviar las crónicas a los medios. Pero claro, en Irán, Turkmenistán, Uzbekistán y Mongolia ni siquiera hay cobertura. Y donde hay cobertura el precio es un atraco a mano armada…

Escrito por Valeriano |  Archivado en Preparando el viaje | Un comentario

Rasputín, el monje loco

Bajo ese sobrenombre se conoció a Grigori Rasputín (Pokrovskoie, 1869-Petrogrado, 1916) uno de los personajes más enigmáticos de la historia.

Lo primero que llamaba la atención era su aspecto (no hay más que echar un ojo a la foto): muy alto de estatura, de hábil y elocuente poder oratorio, personalidad abrumadora, de aspecto un tanto tosco e incluso grosero a veces, tenía una mirada muy penetrante y era poseedor de un carisma profundo capaz de embaucar al más pintado.

Fue monje, aventurero y cortesano ruso (contó con una gran influencia en los últimos días de la Dinastía Romanov).

A pesar de su origen campesino y de no contar con ninguna formación, adquirió pronto gran popularidad, tanto por su vida licenciosa como por su fama de sanador.

Cuando llegó a San Petersburgo, en 1903, Rasputín fue recibido como un hombre santo. En 1908 fue presentado a la esposa del Zar, Alejandra Fiódorovna, que, conocedora de sus supuestos poderes curativos, pensó que quizá podría curar la hemofilia a su hijo Alexis Nikolaiévich, el heredero del trono ruso. Aunque se dice que su técnica curativa se basaba en la hipnosis, la mejoría del herederó le granjeó la confianza de la zarina, así como la de Nicolás II.

Tanto es así, que en los primeros años de la Gran Guerra, cuando Rusia atravesada un momento delicado, Rasputín, aprovechando la coyuntura, se hizo con el control absoluto del gobierno.

Su fama y mala reputación creció con su ingreso en la secta khlysty (flagelantes), condenada por la iglesia ortodoxa. Las reuniones de los khlysty consistían en fiestas descomunales que culminaban en orgías. Eran personas dispuestas a cometer los mayores pecados ya que, según su filosofía, el mayor placer de Dios es perdonar a los más grandes pecadores. No sabían estos pillines.

A esta fama de libertino también contribuyó quizá que hiciera alarde de un descomunal miembro viril. Y parece ser que no era fanfarroneo, como tantas otras veces.

Según nos cuentan en el Mundo.es, un museo del erotismo, sito en una clínica de urología de San Petersburgo lo exhibe, conservado en formol, y mide exactamente 28′5 cm. El falo rasputinesco se ha convertido en el plato fuerte del museo, si se me permite la expresión.

Pero dejando esto a un lado, lo que más me ha cautivado de este personaje fue su muerte:

Muchos nobles rusos tenían bastantes ganas y motivos para querer deshacerse de Rasputín. Y parece ser que, de hecho, muchos lo intentaron sin éxito, por lo que se llegó a pensar que el Monje Loco, además de todo lo dicho hasta el momento, también era inmortal.

Pero Yusupov y Demetrio Romanov, primo del Zar, urdieron un plan para acabar con él y finalizar así la influencia que ejercía sobre la zarina:

Fue la noche del 28 de diciembre de 1916, según contó en un relato posterior el propio Yusupov, y el plan consistió en prepararle una cena repleta de manjares, los cuales, incluido el vino, iban aderezados con cianuro suficiente como para matar a un batallón.

Al principio Rasputín no probaba bocado, ni aceptaba ni siquiera una copichuela de vino. Cuando Yusupov estaba a punto de perder los nervios, volvió a insistir y este aceptó por fin una copa de vino de Crimea. También picó un poquillo en los pasteles que le habían preparado… pero seguía en pié.

Entonces Yusupov le disparó en el corazón y, como aún se movía, lo envolvieron en una alfombra y lo tiraron al río Neva.

Y la autopsia demostró que había muerto ahogado. Menudo figura.

Más información en wikipedia, en Biografías y vidas y en canaltrans.

La foto de Rasputín entero en de wikimedia commons y la de sólo una parte de el Mundo.es.

Escrito por Luisa |  Archivado en Personalidades | 3 comentarios

La casa tradicional rusa

Los que vayan por la ruta del Norte se van a hartar de ver isbas, la cabaña tradicional rusa. Isba o izba (изба), que podíamos traducir como ‘Casa del campesino’, es una pequeña cabaña de madera que se sitúa al lado de los caminos. Para que nos hagamos una idea de lo humilde de su origen, viene de la palabra istopka, que significa “baño”.

Las construidas al estilo tradicional, las auténticas izbas old style, se construían exclusivamente con herramientas sencillas como cuerdas, hachas, cuchillos y palas. No se utilizaban clavos, porque el metal era bastante caro y ni siquiera las sierras eran una herramienta común. Todos los componentes de la cabaña simplemente se cortaban con un hacha de mano y se juntaban con cuerdas.


Pequeña isba en un bosque ruso.

En cada izba hay dos esquinas características, una enfrente de la otra: en una de ellas está el típico horno de arcilla para calentarse y cocinar; la otra es el rincón bonito(krasnyi ugol) con iconos y velas. Ante este rincón se inclina el visitante antes de saludar a los anfitriones o hablar, sólo los invitados más admirados pueden sentarse en ese lugar y ahí se llevan a cabo algunos de los rituales del matrimonio.

Finalmente, cuando un miembro de la familia muere, en el velatorio se pone al fallecido con la cabeza orientada hacía el rincón bonito y los pies hacia la puerta.

Más información en la Wikipedia en inglés, y mucha más en la Wikipedia en ruso. También en inglés en strangelove.net.
La foto de la ventana es de Mothlike y la de la izba es de Osdu.

Escrito por Valeriano |  Archivado en Culturas y tradiciones | Aún no ha comentado nadie :(