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Los baños turcos
Aunque se llamen baños turcos (o hamman) esta costumbre no se inventó en Turquía sino que ellos la heredaron de los romanos.
Los turcos se bañaban en sus lagos, ríos, arroyos… Pero cuando los romanos conquistaron la península de Anatolia construyeron allí también sus célebres baños. No es una costumbre incómoda ni difícil de adoptar, así que cuando cayó el imperio romano, los turcos se encontraron con esta interesante herencia, que en el resto de Europa cayó en desuso.
La perfeccionaron y la conservaron hasta el siglo XIX. Fue entonces cuando los ingleses se quedaron maravillados e importaron a las islas británicas lo que ellos rebautizaron como ‘baños turcos’. Y bajo este nombre son conocidos hoy en día en el resto del mundo.
Un baño turco consta de tres estancias:
- Una sala de espera para cambiarse de ropa, tomar un té o café o bebida refrescante o simplemente relajarse después del baño. Los romanos lo llamaban Apoditorium
- Después se entra en el Caldarium, una sala grande con grifos de agua caliente y fría y bañeras en las que se va echando agua al gusto de cada uno y aclimatándose al calor y la humedad,
- Por último, pasamos a lo que se conoce como baño turco en los spas y hoteles modernos, el antiguo Sudarium, una sala pequeña con vapor de agua. Aquí hay que sudar bien, sin llegar a sentirse incómodo, para después volver al Caldarium y tomarse una ducha fría. Y luego repetir la operación tantas veces como se quiera. Hay que evitar quedarse como una pasa…
Pues bien, en algunos lugares como Bursa existe la tradición de lavar a la novia. Consiste en que las amigas y familiares femeninas alquilan el hamman local para ellas solas durante la semana previa a la boda. Se van allí con instrumentos musicales y comida a pasar el día y disfrutar. Una tradición mucho más recomendable, a nuestro parecer, que irse a unos boys llevando penes de goma en la cabeza…
Más información en Aturquia.com y Wikipedia
El cuadro representado en esta entrada es El Baño Turco de Ingres
Karagoz y Hacivat, el teatro de sombras turco
Como todo en este viaje y en este blog, esta tradición empieza con una leyenda:
Cuando el sultán Selim I, el Severo, quiso construir una mezquita contrató capataces y albañiles para tal empresa. Uno de esos obreros era Karagoz, al parecer un carpintero gracioso que se pasaba todo el día bromeando.
Pasaron los meses y la mezquita no avanzaba. Cabreado, el sultán mandó llamar al capataz, Hacivat, para pedirle explicaciones y ajusticiarlo si éstas no le convencian. Hacivat, temiendo por su vida, acusó a Karagoz de entretener a los obreros con sus chanzas y retrasar así las obras. El sultán ordenó la detención y ejecución del carpintero.
Tras la muerte de Karagoz, el pueblo añoraba sus bromas y críticas burlonas. Selim I, para tranquilizarlos, construyó un monumento en Prusa, donde enterró a Karagoz con grandes honores.
Al poco tiempo el sultán enfermó gravemente. Sus súbditos intentaron mil cosas para divertirlo, sin resultado. Pero un día, llevaron a Hacivat a palacio y allí éste recortó una figura de Karagoz en un papel, encendió una vela y con la sombra reflejada en una sabana realizó la primera representación emulando las bromas de Karagoz.
El sultán quedó tan sorprendido que a partir de entonces le dio permiso para hacer representaciones de Karagoz donde quisiera.
No sabemos si habrá algo de cierto en la leyenda, pero sí que es cierto que Karagoz y Hacivat son los dos personajes protagonistas del tradicional teatro de sombras turco. Es un teatro de títeres en el que se ven las sombras de las marionetas en una sábana, aunque a veces se reflejan los colores. Cuando este tipo de teatro estaba en auge (desde el siglo XVI hasta el XIX) la mayor parte de las obras satirizaban aspectos de la sociedad. Sin embargo, hoy en día ha quedado como un espectáculo infantil, como nuestros guiñoles.
Karagoz es un personaje gracioso, que hace tonterias. Tiene la cara redonda y unas grandes pupilas negras puesto que su nombre significa el “Ojo Negro”. Luce barba y es calvo, aunque lleva un gran turbante que a veces se le cae provocando las risas de los espectadores. Representa al pueblo con su lenguaje y modales vulgares.
Frente a esa aparente estupidez de Karagoz, está Hacivat. Él tiene más conocimientos y habla con lenguaje distinguido, incluso pedante. Sin embargo, no le acaban de salir bien nunca las cosas y es Karagoz el que siempre las soluciona finalmente.

Más información en Titerenet, Beraber y Can Titella.
Las fotos son de CharlesFred y Annekaz








